Reaparezco por aquí para tratar un tema que aquellos que me conocen, saben que es importante para mí.
Desde hace 3 años formalmente (5, de manera "informal") "animo" [coordino, oriento, formo...] a un grupo cristiano de chavales de entre 12-15 años.
Todo surge de La (*) Salle, esa gran familia que tanta importancia tiene para mi [algún día ya me detendré a contaros qué significa para mi esa estrella]. Desde bien pequeña [concretamente los 12 años], quizá por la educación que recibí en casa, formé parte de un grupo cristiano allí mismo en el colegio.
Lo que ha supuesto estar en un grupo para mi, después de tantos años es mucho, he hecho amigos [de esos de "para siempre"], he disfrutado, he reído, he llorado, he crecido como persona, he crecido como creyente... y aun a día de hoy sigo aprendiendo.
Llega un momento en el que abandonas el colegio y el pertenecer al grupo lo puedes compaginar con "animar" un grupo.
Es cuando sacas a relucir tu actitud de servicio, de entrega a los demás. Me parece justo llevar a cabo esta labor, si alguien lo hizo conmigo durante tantos años, le debo algo a la comunidad, quiero volcar en esos "enanos" lo que yo he ido aprendiendo a lo largo de todo ese tiempo que yo formé parte de un grupo. Y así lo hago.

Este curso concretamente con un grupo de 6º, un grupo de novatillos, porque es el curso en el que se empieza. Tengo a 17 criaturas, a las cuales después de 4 reuniones voy conociendo poco a poco, sus puntos fuertes, sus puntos débiles... y a las que poco a poco vas cogiendo montón de cariño.
Todo esto viene a que este fin de semana anterior, tuvimos la clásica convivencia de inicio de curso, en la que nos juntamos todos los grupos del colegio para conocernos, para convivir.
Así que el sábado a las 9.30AM, 26 chicos y 6 animadores [un número bastante reducido, comparado con anteriores ediciones] partíamos rumbo al colegio La Salle de San Sebastián o Donosti, como dicen los lugareños. Expectantes, porque no conocíamos el colegio ni a los Hermanos de aquella casa, llegamos a nuestro destino con nuestras mochilas para vivir un fin de semana de película.

Y nunca mejor dicho "de película" porque todo ambientado en una época romana, simulaba que formáramos parte del elenco de la película "Gladiator".
La evaluación final: excelente. Un comportamiento ejemplar por parte de los chicos, implicación 100% en todos los juegos y dinámicas, colaboración de todos... creo que como se suele decir, todo salió a pedir de boca.
Y es que cuando los resultados son tan positivos no me importa tener que tirarme horas en ese despacho de pastoral pensando juegos y elaborando una oración, no me importa tener que pasar un fin de semana de mi tiempo libre yéndome con ellos, no me imp

orta tener que comer los jueves a las 12 para reunirme con ellos a las 13 e irme corriendo a clase a las 14.30, no me importa tener que subir una tarde al mes para reunirme con el resto del equipo de animadores, no me importa tener que estar alguna tarde-noche preparando cosas para la próxima reunión... No me importa tener que esforzarme por ellos. Porque ver su cara de alegría y de que se lo están pasando bien y saber que lo están disfrutando, no tiene precio.
Por el momento, ya estamos planeando la siguiente, que será antes de lo esperado.
Nos vemos por la vida chicos!