domingo, 9 de enero de 2011

Amaos, como yo os he amado.


Sólo os pido que os améis;
no hacen falta otras leyes ni otros ritos;
que os améis los unos a los otros,
que multipliquéis los encuentros, las ternuras,
los abrazos y los besos;
sólo quiero que os améis,
y que pongáis en común lo que tenéis,
lo que sois;
que dialoguéis, os entendáis,
sólo quiero que os queráis.
Quiero amigos míos, que os sirváis,
que os lavéis los pies los unos a otros,
que os acompañéis y os ayudéis a caminar,
que os curéis mutuamente las heridas,
que os perdonéis y que no dejéis a nadie solo.
Daos el tiempo que haga falta,
regalaos mutuamente algún detalle,
cosas, gestos,
como signo de amistad y de presencia,
como yo lo hice con vosotros.
Que lleve vuestra marca y vuestro espíritu,
regalaos a vosotros mismos,
como un pequeño “sacramento”;
el amor siempre es gracia y presencia.
Ya sólo vale el amor, pero con una condición,
una pequeña circunstancia
que debéis tener en cuenta;
que vuestro amor sea como el mío,
que os sirváis y os améis
como yo lo hice con vosotros.
Y nada más.

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